
El Departamento de Registro Civil y Oficina de Población (DBSB), responsable de la gestión del proceso electoral en Aruba, ha optado por adoptar una estrategia de delegación de manos libres el día de las elecciones en los colegios electorales. Si bien este enfoque aumenta la autonomía de los presidentes de los colegios electorales y acelera la toma de decisiones, también plantea interrogantes sobre la seguridad y los posibles riesgos de este método de funcionamiento durante un acontecimiento democrático crucial.
¿Qué es la delegación sin intervención?
La delegación sin intervención significa confiar tareas y responsabilidades a personas sin supervisión intensiva. En el contexto de las elecciones, esto significa que los presidentes de las mesas electorales y sus equipos actúan de forma independiente sin la supervisión constante de la autoridad electoral central.
Este enfoque se basa en la confianza en la competencia y preparación del personal. Puede generar eficacia y rapidez en la toma de decisiones, pero la falta de supervisión puede crear dificultades cuando surgen problemas inesperados.
¿Por qué elige la DBSB este enfoque?
La estrategia de no intervención parece obedecer a consideraciones prácticas y de confianza. En las jornadas electorales hay numerosos colegios electorales, cada uno con su propia dinámica. Al dar autonomía a los equipos sobre el terreno, la DBSB puede evitar la microgestión y centrarse en la coordinación general.
Entre las principales razones de este planteamiento figuran las siguientes:
- Toma de decisiones descentralizada: Los presidentes de los colegios electorales pueden abordar directamente los problemas locales sin esperar la aprobación de las instancias superiores.
- Uso eficiente de los recursos: Se necesita menos personal de supervisión.
- Confianza en la formaciónElección del personal electoral: Confiar en la preparación y formación minuciosas del personal electoral.
Los riesgos de un enfoque no intervencionista
Aunque los beneficios son evidentes, esta estrategia también conlleva riesgos, especialmente en un entorno de alto riesgo como son las jornadas electorales:
- Errores de evaluaciónSin supervisión, pueden tomarse decisiones sobre el terreno que no se ajusten a la ley o a las directrices electorales.
- Inconsistencia: Las diferencias de prácticas entre los colegios electorales pueden dar lugar a acusaciones de parcialidad o irregularidades de procedimiento.
- Falta de supervisión directa: Los problemas pueden pasar desapercibidos hasta que tienen consecuencias importantes, como una mala gestión de las papeletas o conflictos con los votantes.
- Percepción públicaLa falta de intervención puede socavar la confianza pública en el proceso electoral si se cometen errores.
Gestión de riesgos
Aunque una delegación sin intervención alguna parece arriesgada, la DBSB probablemente ha tomado medidas para mitigar estos riesgos:
- Formación exhaustivaGarantizar que todo el personal del colegio electoral conozca perfectamente los procedimientos y las leyes.
- Protocolos de comunicación claros: Establezca una línea de comunicación directa para informar de problemas o consultas.
- Control periódico o muestreoDejar que los supervisores controlen sin microgestionar.
- Planes de emergenciaEl Presidente: Prepárese para intervenciones rápidas si un colegio electoral experimenta problemas importantes.
Equilibrio entre confianza y responsabilidad
Aunque la autonomía puede empoderar al personal de los colegios electorales, debe combinarse con mecanismos que garanticen la responsabilidad y la coherencia. La confianza en el personal es esencial, pero la fe ciega puede ser arriesgada en un proceso tan delicado como las elecciones.
Conclusión
La estrategia de delegación sin intervención de la Oficina del Registro Civil y del Registro de Población refleja una audaz confianza en su personal y en su estructura operativa. Aunque este enfoque puede conducir a un proceso electoral más eficaz, no está exento de riesgos. El éxito de esta estrategia depende de la calidad de la formación, de una comunicación clara y de la capacidad de abordar los retos con rapidez. Cuando se gestiona bien, puede convertirse en un modelo de gestión electoral eficiente; cuando fracasa, puede provocar críticas y minar la confianza en el proceso democrático.